"La recagué a palos"
por Susy SCANDALI
"Recagué a palos a mi mujer. La recagué a palos. No sé qué me pasó. Cuando me di cuenta estaba en la 44, tenía un balazo en un costado y me empecé a enterar de lo que había hecho. Me habían tenido que tirar un tiro, la cana, para que parara de pegarle. Cuando me di cuenta me quería matar. Encima ella es tan buena...".
Matías es un pibe de 27 años, reciclador, hace doce años que está en pareja con la piba a la que, como él dice, hace un par de meses, "cuando jugaba Argentina" él "cagó a palos" sin saber por qué.
El grupo de hombres que habitualmente asiste a las sesiones de Víctimas de su propia violencia (porque la mayoría son hombres y de hecho, el grupo nació como "grupo de reflexión de hombres violentos"), es hablador. Todos quieren hablar. Todos quieren contar su historia -cuando se sueltan, claro está-, todos quieren opinar, participar... pero cuando el pibe dijo lo que dijo, se hizo un silencio.
Un largo silencio. "Mi mujer estaba embarazada", dijo el pibe después. Y siguió. "Era la segunda vez que estaba en cana, la primera fue hace unos cuatro años, por robo...". Y "mi viejo es alcohólico. Mi vieja se cansó de los golpes y se fue, dejandole los once pibes, de los que yo soy el mayor. A mi me echaron a la calle porque estaba de novio con la piba de la esquina. Tenía 13 años y ella 14. La dejé embarazada...".
El viento soplaba cada vez más fuerte afuera, con violencia. Pero era adentro donde la violencia podía respirarse, casi tocarse. Y el pibe seguía..."la dejé embarazada y la madre la hizo internar en el Gayone. Yo un 31 de diciembre la fui a buscar y la hice escapar, saltando las paredes. A los dos días nació la nena. Y vivimos en la calle durante bastante tiempo...".
"Me fumo de ocho a diez porros por día", dijo después..."y me tomo unas cervezas. Bueno, tomaba. Hace casi un mes que no tomo nada. Cuando me di cuenta de la cagada que me había mandado por estar puesto...".
"Diez fasos te fumás?", saltó otro, de la misma edad,uno que está intentando rescatarse yendo sin faltar al grupo, de viernes en viernes. "Si, bueno, acá hay que decir la verdad, no?...". Y Jorge Mensor, el sicólogo, rápido: "acá no juzgamos a nadie, si no decís la verdad no sirve...seguí...". Y siguió: "yo la quiero, es tan buena!...es laburadora, yo la amo loco, la amo, no sé por qué la cagué a palos, pero la cagué a palos...y estaba embarazada. Tengo una nena hermosa y un nene lindo, inteligente y otro en camino...pero yo al escabio lo viví afuera y adentro, a mi hermano lo mataron por medio kilo de faso, delante mio...no pude zafar de esto...pero quiero salir. Me estoy portando bien, la estoy enamorando de nuevo...".
La violencia es cíclica: el golpe, el arrepentimiento, la luna de miel...y el golpe otra vez.
Puede un pibe como Matías, escapar de esta violencia, mamada desde la cuna?...
El grupo suele hacer milagros. Cuando se plantean casos como éste -y no son pocos-, vuelvo a repensar si será posible el cambio.
Y siempre me digo: si no logramos que el hombre salga de la violencia, seguirá habiendo mujeres golpeadas.
Sólo soy la "relatora" del grupo. La que recoge las historias. Las que un día se harán libro para que sirva de experiencia, para analizarlo, para estudiarlo. Para cambiar algo.
Algunas historias -si no todas-, te van marcando. Algunas, como ésta, cambian algo. A mi, me abren la cabeza. Me ayudan a entender. Me cambian la vida.
