jueves, 19 de mayo de 2016

El Flaco

por Susy SCANDALI

El Flaco tenía unos hermosos ojos celestes y estaba siempre de joda. Esas eran sus características inconfundibles. Solía andar con su guitarra encima y aunque tenía un repertorio bastante pobre, no por eso dejaba de cantar cada vez que podía. 

Ese 7 de enero iba con su guitarra a cantar su conocido repertorio a la casa de Marta, la quiosquera de mi barrio, que tenía una debilidad especial con nosotros: el Flaco, el Piraña (que vivía en mi casa), Fredy (por entonces mi marido) y yo. Todos estudiantes y todos flaquitos, por lo que Marta se sentía en la obligación de cocinarnos de tanto en tanto aquellas cosas que, estaba segura, no comíamos (y tenía razón), como milanesas o postres.

Yo tendría que haber estado ese día. No estuve porque había empezado a trabajar en El Atlántico, aquí en Mar del Plata.

Yo tendría que haber estado cuando cayó el Ejército y se lo llevó al Flaco antes de que pudiera ir a tocarle la guitarra a Marta.

El Piraña (Rafael Pedreira, marplatense) llegó a saltar por los fondos y se quedó escondido en un cañaveral. Fue la última vez que lo vieron.

Veinticinco años después, cuando se conmemoró el aniversario del Golpe en la facultad de Periodismo de La Plata, conocí a la mamá del Flaco. Estaba sentada en la primera fila con el resto de las Madres. Me acerqué y le dije quien era. Me miró con esos ojos de mar tranquilo y esos ojos eran los del Flaco. Me quebré. Yo, que tendría que haber sido más fuerte, que tendría que haberla consolado, que le podría haber explicado algo (¿le podría haber explicado algo?), me puse a llorar desconsoladamente. Me abrazó y me liberó de la angustia de años: por qué él y no yo, si era mi casa; por qué le fue a cantar a la quiosquera de mi barrio; por qué no estuve ese día…

Me abrazó fuerte la mamá del Flaco, como si yo hubiera sido un pedacito del hijo que le habían arrebatado, pura alegría y militante de la JUP, militante de la vida. 

Ricardo Díaz tenía 25 años cuando fuerzas especiales se lo llevaron de la casa de 40 esquina 29, fondo, en la ciudad de La Plata, el 7 de enero de 1977. Desde ese dia, permanece desaparecido

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